Posteado por: gorrioni | 27 mayo 2011

Nuevas experiencias. El poder del “lado oscuro”.

Son casi ya seis largos años dándole duro a la manivela, centrados 100 % en los hierritos que tantas alegrías nos han ofrecido, y el cuerpo pedía a gritos una tregua. Como bien se sabe, la monotonía no es buena compañera, ¡ incluso con el bendito jigging !, por lo que se hacía necesario un cambio de tercio, experimentar nuevas sensaciones. Nada que ver con un adios o un hasta luego a nuestra técnica fetiche.  De hecho, estos últimos meses hemos seguido meneando señuelos en la vertical, pero en su justa medida.

Evidente es el hecho que los peces han ido aprendiendo y ya no se tiran con la mismas ganas a todo lo que cae de arriba. Año a año los escamosos se han puesto durillos. Aun con la certeza de que las poblaciones aguantan, y a excepción de momentos puntuales, podemos asegurar que ese baile fishusiano que antes les ponía tan cachondos actualmente no es tan efectivo como debiera, circunstancia no aplicable por igual a todas las especies.

Echando un vistazo a las capturas de años atrás, hay pejes que se han mantenido, tal es el caso de ciertos pelágicos, del Gallo pedro, del pargo… , sin embargo, a los siempre presentes depredadores como el dentón y la sama ya no se les engaña tan facilmente como antaño. Pillar una “pelota” con ganas de marcha ya no es coser y cantar, requiriendo muchas horas de búsqueda y, como no, una pizca de suerte.

Hay que reconocer que la flojera del jigging es la culpable del interés por otras técnicas, permitiéndonos comprobar que no hay modalidad mala sino poco practicada. ¿ Quién lo iba a decir hace un par de temporadas?, aquellos adictos al plomo de colores dándole ahora a la materia orgánica. Pues sí, y que nos quiten lo bailao😉. El ser humano necesita marcarse nuevas metas, renovarse para salir de la rutina. El paso sin duda ha sido hacia delante. No solo nos ha posibilitado conocer otros tipos de pesca, sino que hemos podido confirmar lo efectivas que pueden llegar a ser en determinados escenarios y épocas. Obviamente el tema no es tan sencillo y siempre es necesario un primer empujón; escuchas rumores de lo que hace fulanito, indagas sobre el asunto, pruebas, fracasas, localizas, vuelves a probar, perfeccionas…y al final los resultados acaban llegando.

Han sido meses muy intensos cargados de buenos momentos y sorpresas. Jornadas en las que samas y otras especies poco frecuentes en los últimos tiempos han vuelto a dar la cara por nuestros spots habituales. Pero no nos vayamos a engañar, todo tiene fecha de caducidad, lo que ahora parece la panacea mañana puede ponernos rápido en nuestro sitio. Esto ya lo vivimos con el jigging. Primero asimilamos las múltiples formas de accionar los clásicos jigs, luego la danza pausada de los rubbers e inchikus, y hoy toca aventurarse con el tenya y el ebing. Lo importante es estar a la que cae y disponer de un abanico amplio de posibilidades.

El caso es que empezamos a lo tonto, guiados un poco por los sencillos conocimientos de la pesca al vivo y por la curiosidad de testar los últimos artilugios “mixtos” made in japan, convencidos de que la aplicación de una tona fresca bien presentada podría dar buenos resultados. Modificando esto y añadiendo lo otro fuimos adquiriendo destreza en el montaje y su práctica, confirmando lo que de antemano sabíamos tenía que ser efectivo. Si los depredadores se alimentan de peces y cefalópodos, ¿ Por qué no ofrecerles una tajada de lo que más les gusta?. Además con la ventaja de mantener equipos y experimentar las mismas sensaciones. Desde nuestro punto de vista no es lo mismo disfrutar de la lucha que ofrece un pescao crecidito con una caña ligera de jigging y un carrete convencional cargado con 50 libras, que izarlo con una caña de troleo armada con un penn senator 9/0.

Pero bueno, tenemos claro que esto no es jauja y lo mismo se tocó la tecla más de la cuenta. De hecho, con el paso de las semanas hemos podido comprobar que a la modalidad tiene sus fechas y momentos, no siendo tarea sencilla localizar buena materia prima. Además es necesario disponer de condiciones meteorológicas favorables, hándicap que limita mucho su empleo. Al menos sabemos que ofrece grandes posibilidades, por lo que veremos si en el futuro nos sigue deparando tan buenas capturas.

 Este año el grupo al completo había decidido soltarse el cinturón, muy a pesar de los tiempos zapateriles que corren, fijando miras en la isla de Coëtivy, Seychelles, destino tropical estrella del año 2010. Eso es lo que se desprendía de las impresionantes capturas realizadas por los compañeros que allí se habían desplazado el año pasado, y no queríamos ser menos. Los preparativos no se hicieron esperar y to kisqui radiaba ilusión hasta que un par de meses antes de la expedición se nos informaba de la imposibilidad de pescar en el punto del Índico elegido. Los piratas somalís rondaban por el barrio, denegándose las licencias de pesca a todo chárter de pesca cuya tripulación no pernoctara en tierra. Desencanto generalizado y cambio rápido de planes. El atolón de Farquhar salía a escena como moneda de canje, y pese a que ninguno de nosotros disponía de testimonio alguno sobre este emplazamiento, todo hacía indicar que estos bajíos a 200 km de Madagascar y 770 km de Mahé, isla más grande de Seychelles, prometían muy mucho, máxime teniendo en cuenta que nadie antes había meneado un hierrito en sus arrecifes.

Llegada a Farquhar. Contra viento y marea.

Los días previos al inicio de la aventura fueron muy duros. El ciclón “Bingiza” y varias depresiones tropicales se habían instalado en el área del Océano Índico en cuestión, siendo los pronósticos meteorológicos para nuestra semana sumamente catastrofistas. El grupo avanzadilla que allí se había desplazado una semana antes daba fe de ello, y eso que las ráfagas de fuerte viento aún estaban por llegar…

Con este ánimo y “cuerpo rata” aterrizamos por fin en la pista de tierra de Farquhar, después de tres trasbordos y un largo trayecto de no menos de 24 horas. Allí se encontraban listos para su regreso los pescadores de la cuadrilla inaugural, cuyos rostros curtidos  no desprendían un estado de felicidad plena. No obstante, sus comentarios certificaban las amplias posibilidades de pesca en el lugar, incluso en las aguas someras y protegidas de la laguna interior, donde meros, Gts y demás especies se encontraban también presentes. Hasta entonces, solo sabíamos de la captura de un diente de perro adimensionado y de un tiempo adverso con mucho chaparrón.

Después de un corto e interesante paseo en tractor por el palmeral (la próxima no dudo en sacarme un seguro de rotura de cráneo por desprendimiento de coco), llegamos al campamento base, una equipada casa de huéspedes compartimentada en 5 dormitorios dobles con baño y salón-tertulia con sus correspondientes splits de a/a. Un cenador techado, un taller, una tiendita de consumibles de 1ª necesidad y las chozitas del personal de servicio configuraban el resto del patrimonio inmueble del atolón, amén del casoplón del “sheriff” de la redonda, Elvis, responsable de la compañía gubernamental local (IDC), encargada de gestionar el transporte y la pesca en estos bancos alejados de la mano de Dios. Todo ello ubicado en el punto más protegido de la isla y con vistas a la bonita laguna interior.

PRIMEROS LANCES. POPPEANDO A MERCED DEL TEMPORAL…

Como apenas estábamos cansados de tan largo viaje :-), los guías de FlyCastaway, empresa de gran renombre en el mundillo de la pesca a mosca en destinos tropicales de África y el Océano Índico, pensó que lo que más nos debía apetecer era remojarnos un poco e “intentar” pescar de orilla lanzando contra las olas del arrecife exterior. Así lo hicimos, y después de una relajada caminata de 20 minutos observando cangrejos, corales y bonitos paisajes, llegamos al spot elegido. Pronto nos dimos cuenta que el pescado había que ganárselo. Nada de remilgos; cuerpecitos sumergidos hasta el pecho, carretes subacuáticos y a aguantar estoicamente las embestidas de las olas, que nadie deseaba comenzar el tour con el cuerpo en estado de pérdida.  Con este panorama el personal hizo lo que pudo, alguno con más suerte, concretándose unas pocas capturas. Creo que Jóse Arrocito disfrutó de los mejores lances, haciéndose con un par de pejes resultones. Para mí una aguja local…

Después de una larga noche de tormenta, la mañana de la segunda jornada amaneció nublada y con fuertes vientos del noroeste, dejándonos únicamente la opción de pescar a spinning en la laguna, o en el mejor de los casos en alguno de los canales de paso. Para tal efecto disponíamos de un total de 4 embarcaciones, 2 pangas locales patroneadas por jóvenes pescadores locales (IDC) y 2 lanchas de fibra a manos de los skippers de FlyCastaway. Éstos últimos eran decididamente más profesionales y atentos, por lo que se hacía indispensable un sorteo diario de chalupa. Nada mejor que efectuarlo tras la cena matutina con un roncito bien fresquito. El caso es que me tocó iniciar la pesca embarcada en lancha con Juanjo, poniendo ese día toda la tropa rumbo a la zona Sur, junto a los alrededores de la isla de Goelettes. Mientras las pangas machacaban los puntos más someros de los canales, nuestros skippers realizaban derivas mixtas tocando también puntos más profundos de en torno a 8-10 m. El fuerte viento y la marea nos empujaba velozmente hacia los salientes y escollos, poniéndole un poquito de miga al asunto. Aun así, la pesca en la laguna resultaba fructífera y entretenida, con multicolores meros y diferentes especies de trevallies, encabezados principalmente por los potentes Gts. Una pasada deleitarse con los ataques y lances de estos bichejos en tan poca agua. En ocasiones, la tarea de ponerlos en seco era compleja dada la cantidad de corales y setas existentes. Lo mismo ocurría cuando un mero medianote se encaprichaba de tu señuelo. O cerrabas carrete y te cogías los machos, o la pérdida del animal era irreversible.

 Otra de las ventajas que disponían las lanchas frente a las pangas estos días de mala mar, era el hecho de poder acceder a los arrecifes de la parte exterior de los canales, zonas mucho más querenciosas y sin duda con un mayor número de especies. Aquí las picadas dobles eran frecuentes y los combates mucho más limpios.

CONTINUA EL TIKI TAKA EN LA LAGUNA

Tal y como apuntaban las predicciones del tiempo, la cola del ya huracán “Bingiza” seguía azotando las aguas del atolón, siendo la mañana de la tercera jornada de pesca la que más agua y viento nos dejó. Misión imposible salir del pantalán. Los compañeros más atrevidos improvisaron un itinerario en bici bajo la lluvia, mientras que el resto del grupo afilamos armas y nos echamos al agua con equipo de snorkel en las mismas roquitas del campamento. Langostas, meros, napoleones y toda clase de peces de coral en apenas 2 metros de profundidad. Acojonante !

Por la tarde el aguacero amainó, pudiendo aprovechar tres horas en los regazos más protegidos de la isla. La pesca consistía en dibujar derivas hasta la misma orilla, siendo normalmente en estos últimos metros donde se concentraba el mayor número de picadas. Rangers y poppers moderados de 60-100 gramos se llevaban claramente la palma. En la caída de la tarde, situados a un par de minutos del embarcadero, dimos con un hot point que nos reportó interesantes lances y bonitas capturas.

La aventura tropical acariciaba su ecuador, y los fuertes vientos de 18-25 nudos del noroeste persistían azotando un día más esta franja del Índico. De nuevo, equipos de spinning parriba y pabajo, y vuelta al lance en horizontal, esta vez en puntos de la laguna orientados hacia el Oeste. Al igual que en las jornadas precedentes, los escenarios de pesca eran básicamente los mismos, con picos de capturas  en localizaciones concretas. Por entonces ya intuíamos el tipo de fondo y las tonalidades propias de los depredadores más comunes. De esta forma íbamos barriendo tramo a tramo el interior de la laguna, insistiendo en los sitios que mejor resultado nos ofrecían. La principal dificultad radicaba en poder acceder al perímetro exterior de los canales donde rompían las olas , especialmente en las horas de marea baja. Según los guías, este intervalo era el más adecuado para pescar en estos puestos. Los Gts aprovechan la poca cantidad de agua para cazar sus presas.

Y POR FÍN EL ANSIADO JIGGING. BUSCANDO A MR. DOGGIE EN EL VERGEL

La salida al exterior del canal supuso una bocanada de aire fresco para el personal. Día a día las adversas condiciones no nos lo habían permitido y el ánimo andaba un poco alicaído. De lo que estábamos seguros era de las increíbles posibilidades del lugar, hecho que habíamos constatado en las breves incursiones spinneras realizadas en el perímetro exterior del arrecife. Pero el asunto no era sencillo, el viento seguía soplando del noroeste a 15-20 nudos y teníamos el hándicap de no poder salir de la laguna por el canal principal. Una vez olvidada la idea de pescar en las zonas supuestamente más salvajes del Noroeste, allí donde el grupo anterior se había hecho con un par de perritos de los que quitan el hipo, nuestra única baza consistía en bajar a la zona Sur y salir por algún canal, no antes de haber esquivado las múltiples setas y corales esparramados por el camino. Menudos leñazos se llevaban las colas y hélices de los irrompibles Yamaha enduro, una suerte que aguantaran toda la semana. No nos quedaba otra, o lo intentábamos por este tramo más protegido del Sur-Suroeste, o nos olvidábamos de menear los hierritos en el paraíso.

Pronto nos dimos cuenta de la riqueza de estas aguas. Y eso que las marcas nos las teníamos que currar. Las pangas no disponían ni de gps ni de sonda, y las lanchas de FlyCastaway contaban con una sencilla sonda para tirar del paso. Pero estos detalles a la altura del viaje en la que nos encontrábamos eran pecata minuta.

Aquellos primeros momentos de jigging junto a Víctor fueron al menos inquietantes. A raíz que la embarcación se alejaba de la costa, las olas cobraban importancia. Unas cuantas picadas y la captura de un hermoso Job fish nos animó a seguir subiendo hacia el Norte. Pero el tema se complicaba por momentos; mar duro, walkie sin cobertura y tiburones por todos lados. Una mirada de ceja a ceja bastó para abortar la misión y poner rumbo a localizaciones más al Sur. Allí se encontraban Juanjo y Eugeni, y según las informaciones recibidas vía Walki de su skipper, el ritmo de capturas era bastante alto. La orografía del fondo pasaba rápidamente de 30 a 120 metros, moviéndose los bichejos malos más bien hacia la caída. El primer afortunado que se las vió con un perrito de los buenos fue Eugeni. Después de una larga pelea de unos 20 minutos, salía a flote un cacharro de 1,55 m y unos 60 kilicos de ná. A la postre sería el diente de perro más tocho de la expedición. Juanjo no quiso ser menos y se hizo poco más tarde con otro bueno de unos 35 kilos.

Los últimos días transcurrieron con semejantes itinerarios. Una vez conseguíamos salir de la laguna por los canales de paso del Sur, o bien empezábamos echando unos cuantos lances a popping desde la parte posterior del arrecife, o directamente buscábamos profundidad en los alrededores para darle unas horas a jigging. Lástima que no nos quedara otra que insistir en estos fondos protegidos, una extensión equivalente al 5 % del perímetro del atolón. No obstante, he de reconocer que jamás había pescado en un lugar tan virgen y lleno de vida. Había momentos en los que uno tenía que parar y echar un trago. Incluso en cotas poco profundas de 20-30 metros; meros, napoleones, snappers y un sinfín de especies se encaprichaban de nuestros señuelos. En ocasiones acabábamos saltándonos esta franja con la idea de tener más papeletas de toparnos con el animal.

Los atunes diente de perro de considerables dimensiones no dieron la cara como se esperaba, seguramente debido a una población de los mismos más escasa en esta cara de la isla, si bien se capturaron un buen puñado de ellos en tallas comprendidas entre los 5 y 25 kilos. Con los Gts todo fue diferente, nadie se quedó sin pegarse una paliza con un buen ejemplar por encima de los 20-25 kilos. A jigging, si cabe, los combates eran realmente duros, resultando la ascensión del animal eterna.

Sobre el resto de cuestiones no pesqueriles, destacar las amenas cenas que nos pegábamos todas las noches bajo el porche (mosquitos aparte), en las que nuestro cocinero particular “Criminale” nos deleitaba con ricos asados y pescados de la tierra. Algún atún de aleta amarilla de cosecha propia también cayó al estilo sushi, o vuelta y vuelta macerado en pimienta. Todo ello regado con ricos caldos. Las tertulias con cubata que seguían al refrigerio tampoco tenían desperdicio, encabezadas sin lugar a dudas por el cachondo del “arrocito”, un crack en esta materia. 

Ahora ya relajaito en casa y con el Jet lag dando paso a la rutina del día a día, uno va echando de menos los momentos vividos, pudiendo asegurar que tuvimos la suerte de pescar en uno de los destinos tropicales más puros y salvajes que existen. Una pena que no se alinearan los astros, permitiéndonos pescar en los spots y batimetrías más querenciosas del atolón.

LOS JUGUETES DE UXIOLURES

No quería acabar sin antes dar las gracias a mi amigo Eugenio por sus magníficas muestras artesanales, las cuales tuvimos la suerte de probar tres compañeros de viaje, todo hay que decirlo, con gran éxito. El stick bait (paseante hundido) de 90 grm nos gustó mucho, así como el popper de 80 grm color fusilier que se llevó el maldito Gt en su primer lance. Ni que contar los efectivos inchikus salto de 280 grm, un caramelo para toda la retahíla de especies del lugar.

 

Como ya viene siendo habitual por estas fechas, reservamos un año más cita para visitar a los amigos del Cantábrico, compartiendo con ellos un par de fructíferos e intensos findes en los que hubo tiempo para todo… El  primero de ellos se cuadró con la llegada a tierras norteñas del canarión de Galdar, Angel, y tanto la pesca como el cachondeito estuvieron asegurados esos días. También tuve el placer de conocer en persona a Cesar “Carqueixa”, con el que pasamos una entretenida jornada de pesca y mejor velada posterior.

Para completar la marcha lubinera, el pasado finde también verificamos  la presencia de esta especie en aguas del Mediterráneo. El capi Juan y Angel “cuñao” fueron los compis de aventura en esta ocasión.

CANTÁBRICO POWER. EL “VINILING” Y EL HIPER FAST JERKING.

Después de un largo y pesado trayecto solipein en coche, llegamos a destino, donde JJ yÁngel me esperaban a mantel puesto para darle unas horas al jigging y al spinning. Mar planchada como un espejo y ligerísimo mar de fondo. Embarcados en el “Milano” con José Juan a los mandos, repaso rápido a los puntos jiggeros cercanos. Poca actividad y gran presencia de delfines en la redonda. Cuando nos disponíamos a cambiar de modalidad, en una recogida hiperfast con inchiku casero, se me pega este hermoso abadejo. El video del delito se puede ver en el blog de Eugenio http://uxiolures.wordpress.com/. No tiene desperdicio !!!

Las condiciones meteorológicas no acompañaron durante el transcurso de la tarde, por lo que el spinning deparó un rotundo bolo.

El resto jornadas de este largo finde transcurrieron en aguas galegas. Hospedados y atendidos cual marqueses en casa de Eugenio, tuvimos la oportunidad de realizar todo tipo de actividades, incluida una incursión nocturna a la verbena local. Crucemos los dedos para que no salgan a pasear esos vídeos que andan por ahí sueltos…jur jur. Por cierto, tampoco faltó el ya mítico flan de 11 huevos de José Juan. Rico, rico…

Resumiendo un poco las salidas estrictamente pesqueriles, decir que el jigging anduvo flojo. Dedicamos una dura y lluviosa mañana a darle a la manivela, con un pobre balance de varias cabras, pequeños pelágicos y un diminuto escacho (rubio). Por contra, el spinning estuvo muy entretenido, especialmente con vinilos. Una grata experiencia aprender a menear estos señuelos en el espumeru. Gracias a la inestimable ayuda de Eugenio, que  patroneó la embarcación para dejarnos a tiro de piedra, Angel, Cesar y servidor pudimos hacernos con unas cuantas piezas, sobre todo mis dos socios, destacando una más que correcta lubi de Angel y otra de Cesar, gran pescador de la zona que domina a la perfección los tejemanejes de esta técnica.

El siguiente día, en vista del poco éxito jiggero, volvimos a repetir spinning de tarde con media marea y vinilos. De nuevo Eugenio tuvo que sacrificarse a los mandos, colocándonos en los “hot points” que el tan bien conoce. En esta ocasión, un poco más suelto con las gomitas, pude hacerme con unas cuantas lubis. Ángel tampoco falló, llegando incluso a engañar a un curioso pinto.

NO HAY DOS SIN TRES. VUELTA A TIERRAS NORTEÑAS

En vista de los buenos momentos vividos la semana anterior, y siendo correctamente asesorado de la buena meteo y de la mejor marea que nos esperaba, volví a cascarme los 600 kilómetros de rigor. Con José Juan liado en sus quehaceres diarios y el canario Angel ya por su tierras (¡menuda última jornada lubinera que se gastó el amigo!), Elías se ofreció a sacarnos a pescar a Eugenio y a mí, pese a que las condiciones estaban al límite de lo recomendado. Aun así, decidimos intentarlo con el correspondiente equipo de agua y chaleco. En mitad de la espuma, en un pequeño área de no más de 8 m², Elías mantenía la embarcación indicándonos donde debíamos poner nuestros minnows. Eugenio en su primer lance ya tenía clavada la primera y así hasta perder la cuenta. Qué ritmo!. Yo anduve algo más lento, pero poco a poco le fuí pillando el truquillo haciéndome con algún que otro ejemplar interesante. Incluso a ultimísima hora, cuando bajo algo el mar, Elías tuvo tiempo de pillar otras tantas. Una jornada que no será fácil repetir. Lástima que el mal tiempo y la situación no permitira sacar las placas que merecía la ocasión…

Habiendo dormido apenas tres horas en el coqueto apartamento de José Juan, Eugenio y yo aprovechamos las primeras horas del día para probar a jigging. Al igual que sucedió la semana anterior, los pejes acompañaron poco. Muchas cabras y un resultón abadejo para Eugenio, seducido bajo montaje tipo drop shot.

El spinning al atardecer, pese a contar en principio con buenas condiciones de mar y marea, no dió los frutos esperados. Las lubis, o se habían esfumado, o no estaban por la labor. Sin embargo, al “Peñón Team” no les fue mal la cosa unos kilómetros más abajo…

Acabar agradeciendo las atenciones recibidas al Team al completo, Eugenio y Cati, José Juan y Elías, así como a los demás compañeros de la aventura, Angel y Cesar. Un placer verles de nuevo y pasar unos días tan correctos. Nos quedaremos con la frase; “REGALAO ES CARO” :)))))))))))))))))))))))))))))))))))))))

LAS PRIMERAS “VERDOSAS” DE LA TEMPORADA

Con noticias fresquitas de los compis Juan y Angel cuñao, bajé en esta ocasión hacia la costa murciana con la idea de ver cómo marchaba el temita por ahí. La verdad es que no llevo muy bien el calor, menos las aglomeraciones de veraneantes y los atascos que se forman en esta época del año, pero sin duda es mucho mejor que quedarse de brazos caídos por los madriles.

Una rápida incursión jiggera realizada a las marcas usuales, evidenció una vez más que el verano, exceptuando días contados, no se lleva muy bien con la modalidad por estos lares. Sin embargo, la pesca submarina es más apetecible por estas fechas. Con poca convicción y desde costa, eché un ratillo en los alrededores del Cabo de Palos, encontrándome mejor de lo esperado. Un merete despistado y un sargo para hacer puntería fueron las víctimas de mi obsoleto fusíl.

En cuanto a las esperadas lubis, todo parece indicar que poco a poco se van dejando ver en puntos muy concretos. De hecho, Juan y Angel ya me habían puesto los dientes largos días atrás. Dedicamos un par de medias jornadas en superficie con resultados totalmente diferentes. El primer día, con cielo encapotado y ausencia de viento, los peces se mostraron bastante cautos a la hora de atacar con decisión las muestras, produciéndose varios fallos traseros sin repetición. Solo cuatro labrax tamaño SS liberadas de forma inmediata vieron el casco de la embarcación. Por cierto, primer doblete para mí de esta especie. Cuñaoooo, ya sabes que tu nevera roja no volverá a ser bien recibida…DDD

El segundo día, de nuevo con Juan al timón, la actividad dió un giro total. Desde los lances iniciales vimos como las lubinas mostraban interés por el baile de las muestras, quizás confundidas por un agua más tomada. El caso es que los dos tuvimos lances espectaculares, alguno con final feliz y otros muchos con ataques fallidos y pérdidas de última hora. Mencionar la captura de un ejemplar por encima de los cuatro kilos, que dejó a mi equipillo tiritando. Una pasada ver la embestida del animal en escasos 40 centímetros de agua y a 5 metros de la embarcación. Menos mal que Juan estuvo al quite con cámara y sacadera en mano…

La buena experiencia vivida por el grupo “galapagueño” en aguas del Estrecho el mes de junio del pasado año 2009, nos animó a repetir expedición en similares fechas de la presente temporada, días en los que el paso de nuestras amigas las Samas se concreta a beneficio de los adeptos jiggers que ansiamos su captura.

En un principio, el planing contemplaba 4-5 jornadas completas de pesca con desplazamiento de las embarcaciones al país vecino, Marruecos, tocando zonas supuestamente más vírgenes y alejadas, si bien lo complicado que resulta cuadrar meteorología, alojamiento y demás factores laborales del personal, redujo la excursión a 3 días de pesca con puerto base en Algeciras, tiempo suficiente para tocar escama y echarnos unas risas.

El grupo formado por Fernando, Victor, Antonio, Juanjo, Eugeni, Manel, Pedro y servidor nos repartimos en el “Zurazu” y el “Tequila”, aventurándonos rumbo a los puntos estratégicos de la costa marroquí, no sin antes cruzar el transitado canal que separa ambos territorios, hora larga expuestos a los caprichos de la meteorología local, siempre imprevisible incluso teniendo controlados los diferentes partes y webs destinadas al efecto. Un poniente fresquito se resistió a abandonarnos durante el transcurso de la estancia, hecho que junto a la imperecedera corriente característica del lugar complicó la búsqueda de la vertical, obligándonos a utilizar sí o sí hierros de al menos 300 gramos. ¿Qué me esperaba sin mis queridos inchikus y fishus?

Resumiendo un poco el curso de las jornadas de pesca, comentar que el número de capturas este año no fue tan elevado como cabía esperar, posiblemente debido a un retraso de la temporada, o quizás por el lógico desgaste de estas costas, mucho más concurridas que antaño. Sin embargo, esta coyuntura no restó ganas y ánimos al personal, acabando todos satisfechos y con su peje. Decir que al contrario de lo indicado, el tamaño medio de las capturas fue considerable, levantándose varias piezas de porte, principalmente “cabezones” con muy mala leche. Como no podía ser de otra forma, la especie estrella del tour fue la Sama, dejándose ver alguna especie menor como el Pargo, el San Pedro, la caballa, etc. Las profundidades en las que nos movimos estuvieron comprendidas básicamente entre los 75 y los 120 metros, aprovechando los momentos de fuerte viento y deriva para probar en cotas menores en busca de serránidos. Para este tipo de pesca se utilizaron pesados vinilos e inchikus, aunque la suerte no estuvo de nuestro lado. Un hecho reseñable y que marcó el devenir de la pesquera en estos días, vino determinado por los definidos ratos de actividad, ajustados a los minutos previos al cambio de marea, tanto de la pleamar como de la bajamar. Hacerse con un pescado fuera de este intervalo resultaba misión harto complicada.

Por lo demás, se pueden imaginar. Buen ambiente, papeitos más que correctos y muchas, muchas risas. Desde luego esta peña del sur nos lo pone muy fácil…

A continuación, secuencia de placas en las que se echa en falta alguna buena pieza que espero poder colgar en breve. Para comenzar, un buen pargo capturado por Eugeni con la ténica “No action”

Continuaremos con un doblete que nos marcamos Pedro y yo. Lástima que el siguiente minutos después no se llegase a consumar.

Victor y Antonio también sacaron su “machete”

El bicho de Manel llegó tarde pero mereció la pena. Tremendo “chichonero” por encima de la quincena que según me cuentan ofreció un interesante lance…

Y para rematar, mi peje. Tenía ya ganas de sacar el abuelo giboso y por suerte éste vino en uno de las últimas derivas del último día. Todo hay que decirlo, con la inestimable ayuda de Victor que me prestó caña y señuelo mientras mantenía la vertical a golpe de motor. La picada fue brutal, desconozco los metros que salieron del carrete, pero por momentos pensé que se trataba de un enroque. El pez se hizo fuerte en estos primeros instantes aprovechándose de la corriente, pero más tarde se convirtió en un peso muerto que fue izado lentamente hasta la superficie. Cuando todos pensábamos que una hermosa cherna saldría a flote, apareció el susodicho…

Posteado por: gorrioni | 10 junio 2010

Vuelta a los orígenes. El retorno del pescasub.

 

Mucho tiempo había transcurrido desde la última vez que me dejaba caer por las profundidades, más aún por temas relacionados con la competición y demás eventos deportivos, pero esta oportunidad de retomar la actividad no la podía dejar pasar. El acontecimiento en cuestión era la celebración del Campeonato Regional de Parejas de la Comunidad de Madrid. Lo que menos importaba en un principio era pensar en hacer un buen papel. Apetecía volver a ver a la peña y pasar un puente de cachondeito, papeito y pesquita. El lugar elegido, como viene siendo habitual todos los años, era Conil, Cadiz. De todos es sabido la riqueza y variedad de especies existentes en estas aguas, sin obviar la dureza de las mismas, marcadas por contínuos vientos y fuertes corrientes. No obstante, todo parecía indicar que la meteo iba a ser benevolente con nosotros, como así fué.

Preparando zona

Los días previos a la prueba se suelen destinar a la localización y marcaje de spots calientes, revisando las  diferentes zonas del área de competición. Pero para nosotros, madrileños de secano, estas jornadas se traducen en un “Carpe Diem“, o lo que es lo mismo, aprovecha el día que Dios sabe cuando uno va a poder volver a echarse al agua.

Como podrán imaginarse, el encuentro con el medio marino después de tanto tiempo fué de lo más desalentador. Traje a presión, material de anticuario y una apnea digna de un fumeta empedernido. El caso es que mientras Raúl, nuestro barquero particular, hacía de las suyas  (una put… machine el tío), uno ni se enteraba de qué iba la vaina. El compañero Santi también aportaba su granito de arena, haciéndose con alguna pieza de porte considerable. Desde luego las condiciones de pesca eran de lo mejorcito que uno se puede encontrar por estos lares: Agua limpia, coeficiente bajo de marea y entrada de pescado.  Pero yo no estaba para esos trotes. Al menos no me quedé con las ganas de pegar un par de gatillazos…

El intervalo comprendido entre el reparo y la entrada de la creciente, corriente del Mediterráneo al Atlántico, se destinó a la búsqueda de grandes meros en cotas por debajo de los 24 metros, momento en el que decidí comprobar lo bien que se estaba tumbado al sol haciendo de reportero gráfico. Raúl ponía rumbo a unas lajas donde días antes había localizado algún “tontito“, mero en la jerga local. Como aquel que anda a oscuras por su casa, no se habría capuzado en más de dos ocasiones, cuando salía a flote este peazo morlaco de 20 kilates.

Y la cosa no acabó aquí. Con el citado comienzo de la creciente, las urtas empezaron a desfilar por la zona, convirtiéndose en el centro de atención de los últimos compases de esta memorable jornada. Espectacular la librea de esta especie, con dentaduras dignas de cualquier paisano que se precie.

Un poquito de Dingui-Dingui

Las agujetas y el mal estado físico con el que nos levantamos el compi Santi y servidor nos hizo declinar la posiblidad de volver a echarnos al agua la mañana del viernes. No era cuestión de desmadrarse, pensando más que nada en la dura prueba que nos esperaba pocas horas después. Como a uno no se le había olvidado traer los trastos de jigging, consideramos buena idea darle un tiento mañanero a la zona.  En la primera deriva sobre el spot elegido, pronto tuve el primer trancón. Lo cierto es que se produjo en las proximidades del fondo y no hubo tiempo de reaccionar. El serránido consumó su huída hacia la piedra, sucediendo lo inevitable y perdiendo mi querido inchiku. Minutos más tarde, repetimos idéntica jugada con un bicho malo de similar especie y porte. Esta vez consigo apartarlo del fondo bombeando con fuerza en tres, cuatro ocasiones. Parece estar dominado, pero en un último  intento por llegar a su tana, arranca con potencia y parte el bajo de forma limpia, seguramente por el roce con los dientes. Cagowen !!!. Y poco más dió de sí esta fugaz expedición jiggera.

Y llegó el gran día

La bocana del puerto de Conil fue el punto elegido para la salida de embarcaciones. En la misma, equipos formados por dos-tres participantes del mismo Club y barquero. Nuestro Club, El Necton, venía representado por Santi y por muá, con la inestimable ayuda de Raúl, gran conocedor de estas aguas y poseedor de un sinfín de marcas para la ocasión. La prueba dió comienzo a las 10,15 de la mañana, teniendo una duración de 6 horas y acotada al área comprendida entre el Puerto de Conil y el Faro de Trafalgar. Con el pistoletazo de salida todas las embarcaciones nos dirigimos a “La Aceitera“, lugar mítico para el pescasub donde muchos adeptos han perdido la vida debido a sus fuertes corrientes.

Los primeros compases del día los dedicamos a la búsqueda de grandes bancos de Borriquetes y Lisas. Raúl se colocaba con precisión en los spots calientes, marcándolos con una baliza y dejándonos derivar hacia ella cientos de metros antes. Bajar en las proximidades de la misma se traducía en éxito seguro, aunque mi principal problema se centraba en seleccionar los individuos que sobrepasasen el peso mínimo acordado, 750 gramos, complicada misión para uno al que debajo del agua ya le bailan los números. Lo cierto es que en estos fondos de 10-14 metros me encontraba fino, pudiendo constatar que la puntería no se olvida tan fácilmente. El ritmo era bueno, y en un par de horas ya teníamos unas 15-20 piezas en la nevera, incluido un urtón de ocho kilos largos, que el bueno de Santi había sorprendido comiento en un enorme bolo.

En la segunda mitad de la prueba, pescamos en barras y lajas ubicadas en puntos más profundos de 16 a 24 metros. Aquí el ritmo de capturas se hizo más lento, si bien el tamaño de las piezas aumentó considerablemente. Sargos soldados, borriquetes, brótolas, maragotas y lisas fueron las especies que más tocamos. Señalar que no dejé de toparme con un par de serránidos de categoría, aunque lamentablemente me hicieron la pirula y no volví a verles el careto.

La fatiga y el agotamiento se apoderaron de mi cuerpo hora y pico antes de acabar el campeonato, decidiendo que tampoco merecía la pena arriesgar. Al menos quedaba el compi y la pescata estaba hecha. Todo dependía de la pericia de los demás equipos participantes.

La confluencia de equipos en la rampa del puerto de Conil con sus sacos de pescado dejó más o menos perfilado el devenir del pesaje que se realizó a continuación. Nuestro Club, el Necton, se alzaba con el primer puesto, totalizando 29 piezas válidas y un amplio margen sobre el segundo clasificado, el Club SoloSub. Ambos equipos con derecho a participar el el Campeonato de España de Clubs por Parejas, a celebrar el 25 de julio en aguas de Cádiz.

Agradecer desde aquí a mi amigo Santi y demás compañeros pescasub por los ratos vividos, los cuales sirvieron de acicate para mi reencuentro con este deporte que tantas alegrías me ha ofrecido a lo largo de los años, no olvidándome de la inestimable ayuda de nuestro barquero Raúl, sin el cual la pesca no hubiera sido ni mucho menos la misma.

Posteado por: gorrioni | 31 mayo 2010

Corrientes emergentes

No había en esta ocasión muchas ganas de bajarme hasta la costa en plan solipein, pero el olvido de ciertos enseres semanas atrás no me dejaba otra opción. Claro está que no íbamos a desaprovechar la oportunidad de echar unos lances, por lo que no fue muy costoso convencer al compañero Juan para que se cogiera el día.

Recientes informaciones  llegadas a nuestros oídos de pescadores de superficie delataban un retraso de la actividad, apenas existente hasta la fecha,  por lo que nuevamente dejamos en casa los bártulos de spinning centrándonos en nuestra modalidad preferida.

Las condiciones previstas se presentaban con una luna prácticamente llena y un mar planchado, en principio favorables para la búsqueda de algún serránido presto para la ocasión, si bien primó nuestro interés por el encuentro con las samas, pejes que este año apenas han dado la cara, y que en pasadas temporadas se localizaron por estas fechas. Las marcas ubicadas más al sur, en las que el cascajo predomina en la composición de los fondos, fueron las elegidas para intentar tropezarnos con ellas.

El día comenzó fuerte para Juanillo, haciéndose con un par de dentones en el primer spot elegido, mientras uno comprobaba cómo el inchiku no era del gusto de los mismos…

Todo parecía indicar que la jornada iba a ser calentita, pero pronto con los primeros rayos del sol la actividad cesó, dejándose notar sin embargo una intensa corriente, afortunadamente de sentido contrario a la floja brisa de costa que soplaba. Las primeras horas matinales no dieron para más, si bien un pequeño cambio en la dirección de la corriente a eso del medio día se tradujo en un par de picadas pargueras para mí, una de las cuales ofreció unas carreritas interesantes, con canto de chicharra incluido.

El desempate final inclinó la balanza hacia el compañero, cuyo señuelo tuneado despertó el interés de un saltarín y pequeño ejemplar de pez espada que fue liberado después de las fotos de rigor. Hay que ver la espada que manejan estos bichos incluso en fases tan prematuras. Ví peligrar muy mucho la integridad física de mi malograda zodiac.

Obviamente de las samas no se supo nada una vez más…

El sábado, acompañados también por Angel, alias “Cuñao”, el itinerario elgido pasaba por tocar puntos profundos donde días atrás habíamos detectado la presencia de especies bentónicas, pero una intensa corriente nos hizo desentimar pronto el planing marcado, no sin antes capturar una pequeña e inesperada samita de pluma. En cotas más someras el panorama no cambió demasiado, solo un San Peter al “curricán” para mí, por lo que decidimos que una retirada a tiempo era una victoria y regresamos a puerto en espera de montar en breve la siguiente.

Posteado por: gorrioni | 19 mayo 2010

Últimos coletazos

La temperatura del agua sigue “in crescendo” al mismo ritmo que los espáridos se van mostrando cada día más remisos a caer en los engaños. Es tiempo de desove. Se acabaron los grandes bancos de dentones agresivos que en tan pocas ocasiones se han asomado por nuestras piedras en lo que va de año. Otros tuvieron más suerte. Me refiero a ese grupo de barcazas de destrucción masiva conocidas como arrastreros. Cuentan por ahí que en los pasados meses de marzo y abril hicieron estragos por la zona. Y no me extraña nada. Los he venido observando día sí y día también durante los últimos meses, faenando allí donde no les está permitido. Su impacto es letal, pan para hoy y hambre para mañana, pero a nadie parece importarle. Los mismos pescadores profesionales no se explican cómo se tolera el uso de este tipo de arte. Práctica que consiste básicamente en llevarse por delante todo lo que encuentra a su paso, llámense gorgonias, corales, crías de todo tipo de especies marinas…España es “asín”. Ya nos tocará lamentarnos en un futuro. La verdad, es un tema jodido y no me gustaría meterme en camisas de once varas, máxime si el que escribe no es precisamente un Santo. Pero, digo yo, una cosa es robarle unos cuantos pescaitos al mar y otra muy diferente cargárselo sin remisión…

Bueno, a lo que íbamos. La pesca de este finde se presentó más bien durilla. Meteorología cambiante con vientos moderados de uno y otro lado, y pesca de subsistencia con piezas esporádicas en spots someros. Hubo tiempo de probar algunos trenzados y shocks leaders distribuidos por la casa Lineaeffe para la revista Trofeo Pesca Mar, así como de echar al agua unas cuantas “gominolas”. El montaje “drop shot” que tan buen resultado da a nuestros amigos pescadores del norte, resultó letal para un banco de intrépidos jureles. Lástima que por estos lares los abadejos no formen parte de las especies locales. Seguiremos mojando alguna de estas chuches

Los dentones estuvieron muy esquivos, saltando la liebre donde menos nos lo podíamos imaginar dado el panorama de los últimos meses. Al menos salvamos dignamente el bolo…

 

En breve habrá que darle duro a la superficie. Por lo pronto el Juanillo ya ha desempolvado sus poppers y paseantes…

 

Posteado por: gorrioni | 10 mayo 2010

“Leña al mono”

Reconozco que de un tiempo a esta parte el cuentakilómetros de mi coche va a la par que el cuentahoras de la maltrecha “Alopa”. Soy carne de mar y de carretera, qué le vamos a hacer. Quizás en estos meses en los que estamos tenga algo que ver ese refrán que dice; “en primavera la sangre altera”, marcándose más aún. Aunque tampoco es descartable el hecho de a uno no le haga gracia perderse “El Día”. Ya me entendéis, estamos supuestamente dando por acabada una de las mejóres épocas del año para la pesca de nuestros amigos los dentones y éstos no han dado la cara como deberían. Como lo último que perdemos los pescadores es la esperaza, volvimos a la carga y, tal cual diría mi padre, dimos “leña al mono”.

MARTILLO PILÓN SOBRE LA ZONA EN CUESTIÓN

Salí solo esta primera jornada con la idea de comprobar si el calentamiento de las aguas había cambiado el panorama por los spots habituales, pero una vez más la ausencia de pez pasto y depredadores fue la nota predominante durante las primeras horas. Serían eso de las once y media de la mañana cuando, ya en cotas más someras, la sonda delataba la presencia una gran mancha de pescado a media agua con pescados sueltos de mayor porte en una línea inferior. Señuelo al agua y picada en las inmediaciones del fondo. Dentoncico curioso que subió a retratarse.

Había que aprovecharse de la gran orgía que la lectura de la sonda mostraba, y seguí insistiendo sobre el punto caliente una y otra vez hasta dar con un resultón San Peter.

En vista que el lugar parecía estar cargadito de material, no me desanimé al no tener picadas en las siguientes derivas, peinando la zona de pé a pá hasta obtener alguna chupadita dentonera más, destacando la de un correcto machito. Siendo sincero, esta estrategia de martillear un punto en concreto no es gusto de mi devoción, de hecho siempre he preferido tocar muchos spots, persistiendo en ellos lo necesario para no ahuyentar al personal. Máxime si hablamos de barras poco profundas en las que el pescado parece oirte. Pero en tiempos de carencia, el machaqueo habrá que valorlo como una opción válida, pese a que su práctica implique dejar sin echar el ojo a marcas potencialmente interesantes…

CHAMBEL?. SÍ, PERO SOLO HASTA EL AMANECER

Pronto o temprano había que volver a los orígenes, viniendo esta vez de Juan la valiente idea de poner el despertador a las 3,45 de la mañana para mancharnos de nuevo las manos. Tan claro lo tenía en mente, que fue capaz de convencernos tanto a mí como a Angel “cuñao”, poco dado a madrugones de esta categoría. El caso es que a las 5 am estábamos empatando carnada en nuetros aparejos sobre el pecio elegido, siendo el hombre de la gran idea el primero que cantó picada, una brótola con ojos saltones, rica-rica en la mesa. Poco más tarde otra para mí…

Las primeras luces del alba despertaron el interés de un banco de jureles de interesante porte, pero lo que tira, tira, y enseguida cambiamos de tercio dando paso al material pesado. El amanecer fue benevolente conmigo ofreciéndome un buen parguete y una novedosa “pescadilla” que cabeceó cual espárido.

Desde entones, el equipo gallopedrero de Juan se mostró intratable, poniendo en seco varios ejemplares de buen tamaño de esta especie, dejándonos al bueno de Angel y a mí con la miel en los labios. Al fin y al cabo la pescata estaba hecha…

Posteado por: gorrioni | 4 mayo 2010

Escapadita al Estrecho “Bailando entre corrientes”

Hacía ya tiempo que el amigo Santi venía proponiéndome probar suerte a jigging en aguas de la costa gaditana, lugar que el bien conoce y donde acostumbra a bajar para practicar la pesca submarina, pero entre unas cosas y otras la visita se había quedado en stand-by. Una de las razones del retraso se debía a lo complicado que resulta cuadrar un par de días de bonanza por estos lares. La dura meteo local, y la “panzá”de kilómetros a recorrer desde los madriles, no te permiten muchas alegrías. Esta semana parecía que pintaba bien, por lo que cargamos los bártulos y tiramos millas.

Alrededores de Conil de la Frontera. “Consagración del jigger Santi en su tierra”

Embarcados en “La Gordita”, zodiac de 4,80 que Santi comparte con un amigo pescasub de la zona, salimos del puerto de Conil con el mar planchado, mucha ilusión y un par de marcas prestadas (-43 m) por un compañero que se dedica al estudio de los fondos marinos para la instalación de molinos de viento. Todo lo demás, spots de pescasub poco válidos para nuestros intereses y un plotter-sonda para echarle horas al asunto.

La idea era tocar prontito las marcas citadas, desplazándonos posteriormente al encuentro de piedras más profundas. Así lo hicimos, y en no menos de media hora de navegación llegamos a destino. Rápido testeo del fondo y la deriva, y nuestros jigs se encontraban meneándose en la vertical. Varios minutos más tarde, después de lo que supuse la pérdida de un espárido menor, trancazo en la caña de Santi con el consecuente subidón del personal. El bicho parecía no quererse desprender del contacto con las rocas, pero la pericia del compañero habilitó su lento izado hasta la superficie. En los últimas vueltas de manivela todo indicaba a que se trataba de un serránido, quedando evidenciado poco antes de salir a flote por sus tonalidades rojizas. Congratulaciones al menda por su primer epinephelus.

En vista que en las siguientes derivas sobre la zona en cuestión no ofrecieron picada alguna, pusimos rumbo al final del “Banco del Hoyo”, lugar donde sólo los más osados se atreven a llegar en una neumática de semejantes dimensiones. Menos mal que el día estaba para ello. No me quiero imaginar la odisea que hubiese supuesto un percance de cualquier tipo. El caso es que sondamos de aquí para allá sin observar una mísero roquedo profundo, teniéndo que desistir muy a nuestro pesar. Los lances en cotas más someras entre los 25 y 40 metros tampoco dieron resultado, por lo que decidimos acabar la jornada en el punto donde habíamos comenzado. Otros veintitantos kilómetros de navegación y de nuevo estábamos ubicados sobre las piedras citadas. Peinamos más a fondo los alrededores, confirmando la presencia de un par de puntos con mayor actividad. Los jigs dieron paso a los inchikus, y pronto se produjeron los primeras chupaditas que no llegaron a cuajar. La insistencia se tradujo finalmente en samita peleona para mí, cómo no, a un bottom tuneado de 200 gramos hand made by Juan Catalán.

Y poco más dió de sí esta intensa jornada de pesca y prospección, quedando confirmado el potencial de estas aguas, a las que sin duda volveremos más preparados.

Otra anégdota del día fué la captura de un adimensionado ejemplar de mero local, capturado por un conocido pescasub en 29 metros de sonda, que dió en báscula un peso de casi 30 kg. Peazo aparato ! Como muestra, obsérvese la carita de esfuerzo del bueno de Santino.

Regreso a la costa Marroquí en el mítico “Zurazu”

El plan marcado para en segundo día de pesca pasaba por visitar a nuestros amigos Victor y Juanjo, a los que poco antes se había informado de nuestra incursión sureña, embarcándonos con el Zurazu en dirección al otro lado de la costa gibraltareña, es decir, morocco´s land. Así lo hicimos y pronto nos vimos cortando olas entre risas y chascarrillos de última hora, acompañados por el padre de ambos.

Las primeras derivas, con el poniente comenzando a soplar y en plena marea de vaciante, nos dieron un toque de atención en cuanto a lo durillo que se presentaba la búsqueda de la vertical. De hecho, no tardaron en perderse los primeros jigs de 300 gramos. Hablamos de corrientes de en torno a los 3-5 nudos que nos obligaban a lanzar los señuelos lo más lejos posible, disponiendo apenas de un par de lances en condiciones. Ni siquiera el esperado reparo dió la cara a la hora señalada. Imposible pensar en inchikus y otros arretrancos en cotas de entre 70 y 140 metros.

De nuevo Santi fue el primero en cantar picada. Tras un lenta subida en la que se barajaban especies como el cabracho, gallo pedro, serránido menor, etc….finalmente apareció lo que en la jerga pesqueril conocemos como “mero-piedra”, esta vez ornamentada con sus conchitas y coralitos de colores…DDDDDDDD

Poco después le siguió un megacaballa y un pargo “basura” de Victor, con los que obviamente no posó. (Estos chicos están acostumbrados a piezas más entradas en kilos), y un cabracho para mí.

El aviso de picada por la emisora de un compañero de Victor que se encontraba pescando en barras poco profundas, nos animó a desplazarnos a menos agua, dando juego a inchikus y vinilos con la idea de tocar algún mero, abadejo o dentón, especies habituales en esos fondos. El bottom tuneado volvió a demostrar su efectividad, haciéndose con un falso-abadejo que luchó cual espárido para desprenderse del engaño.

Y hasta aquí lo que a capturas se refiere. El poniente aumentó de intensidad y lo que venía siendo una corriente considerable, se convirtió en un río con picos superiores a los 5 nudos, imposibles de gobernar incluso en marcas a resguardo de la costa española. Como bien saben los hermanos Espejo, el Estrecho tiene ese hándicap, complicado de predecir con anterioridad pese a la experiencia acumulada a lo largo de los años.

Agradecer las atenciones recibidas, siempre un placer compartir risas y pescata con vosotros…

PD: Y a tí Santino, sin duda te veo dándole con más ahínco al dingui, dingui. La consagración del jigger se ha producido. En breve estaremos al pié del cañón.

Posteado por: gorrioni | 19 abril 2010

CUMPLIENDO EXPEDIENTE

Tres semanas sin darle caña a la manivela pasan muy despacio, y ya iba apeteciendo ponerse de nuevo el traje de combate.

Resumiendo un poco lo que ha dado de sí este finde jigguero, podríamos decir que se han aprovechado al máximo las pocas oportunidades en las que los escamosos han mostrado interés por los reclamos, no teniendo que lamentar bajas importantes a excepción de un buen bichejo que el compañero Juan no llegó a conocer. Por lo demás parece que el agua subió un par de gradillos y comenzaron a observarse puntuales spots con entrada de pez pasto, aunque continuamos a la espera de toparnos con la deseada “pelota” de depredadores de talla.

Lo dicho, para guardar en la chistera un dentón de los tochos que ofreció una intensa pelea, un pargo majete que también hizo sonar por un rato la malograda carraca del “ferrari jig pro 8000”, un par de inesperadas chopas y como nó, la amena aunque no fructífera jornada compartida con el amigo Juan. La próxima será otro cantar…

Y poquito más. Al menos los del Wingurú no se vieron afectados por el nubarrón de cenizas y tuvimos un clima de relativa bonanza, con casuales avistamientos de peces luna y cetáceos. Seguiremos perseverando…

Las prisas no son buenas compañeras, pero el móvil saca del paso cuando falta la cámara

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